Es una expresión que hunde sus raíces en el castellano viejo, y tal vez también gallego: vete a hacer puñetas. Una forma de decirle a alguien que se ocupe de una labor lenta, pesada y tal vez aburrida. Una puñeta de encaje (no confundir con modernas elaboraciones sintéticas) no se elabora en una hora, ni en un día.
En Camariñas, la capital gallega (y española) del encaje -epicentro de una comarca en la que Muxía (sobre todo) y Vimianzo también tienen un peso específico importante- lo saben perfectamente. Desde hace décadas, sus artesanas elaboran las puñetas que más tarde se colocarán en sus trajes los rectores de las universidades, los doctores y, sobre todo, los miembros de la judicat
ura y la fiscalía.
No es un artículo que arrase en las ventas, pero tiene su público. «Veñen a compralas de todas partes, de Galicia e de fóra de Galicia. Veñen os propios xuíces e, ás veces, as súas mulleres ou nais», explica Virtudes Rodríguez, presidenta de la entidad Rendas, una de las más importantes de la zona. Este año, el mercado va regular. «Se cadra a crise tamén se nota nas puñetas», bromea Estrella García Pasantes, Chucha, veterana palilleira de 72 años, quien ha hecho, como Virtudes, puñetas toda su vida. «E non vale calquera encaixeira, os remates son difíciles, é un traballo fino e custa moito», apunta Virtudes. En tiempo y en dinero. Para elaborar bien su dibujo se precisa una media de quince días. Las medidas varían, pero andan entre los 18 o 20 centímetros de ancho y cerca del doble de largo, que luego hay que adecuar.
Las mejoras pueden costar hasta 150 euros, y en estas tiendas de Camariñas (también en otras) siempre hay alguna en exposición. No es un producto que se agote al momento: como es evidente, duran años, salvo que el juez o el respectivo portador las sometan a un trabajo intensivo, que todo puede suceder. Cuando los más famosos aparecen en la televisión, las palilleiras de Camariñas reconocen por el diseño si las puñetas son suyas o no, algo insólito para el profano. Y, a su modo, ayuda en la administración de justicia.
S. Garrido
La Voz de Galicia, 28-10-08